El recuerdo de Kasskara y los mundos anteriores
Es muy importante que los indios norteamericanos también recuerden Hiva. El extraordinario relato hopi lo conocí gracias a las investigaciones del prestigioso ingeniero espacial de la NASA, Joseph Blumrich, que publicó una larga entrevista que mantuvo con el líder hopi «Oso Blanco» en 1979. En su libro, Kasskara y los siete mundos, nos cuenta:
De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la humanidad está dividida en períodos que ellos denominan «mundos», los cuales están separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el fuego, el segundo por el hielo y el tercero, por el agua. Actualmente viviríamos en el cuarto mundo. Y en total, la humanidad deberá recorrer siete. No siendo comprobables históricamente los dos primeros mundos hopi, la memoria tribal de ellos se remonta a la época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Este era el nombre, en realidad, de un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del Este». Y los habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara. Luego, Blumrich se refiere sin mayores rodeos a la naturaleza de los Katchinas: […] los Katchinas ayudaron a los elegidos a trasladarse hacia nuevas tierras. Este hecho marcó el fin del tercer mundo y el comienzo del cuarto. Es preciso aclarar que, desde el primer mundo, los humanos estaban en contacto con los Katchinas, palabra que puede traducirse por «venerables sabios». Se trataba de seres visibles, de apariencia humana, que nunca fueron tomados por dioses sino solamente como seres de conocimientos y potencial superiores a los del ser humano… Eran capaces de trasladarse por el aire a velocidades gigantescas y de aterrizar en cualquier lugar. Dado que se trataba de seres corpóreos, precisaban para estos desplazamientos de artefactos voladores, unos «escudos voladores» —al igual que en las crónicas romanas, al igual que en las crónicas de Carlomagno— que recibían diversos nombres.

El Cuarto Mundo. Según la tradición hopi, la humanidad habita actualmente el Cuarto Mundo, al que emergieron los supervivientes de una humanidad anterior después de una gran destrucción. Este mundo constituye una nueva oportunidad para vivir de acuerdo con el orden, el equilibrio y las enseñanzas recibidas. Su continuidad no estaría garantizada: el destino de la humanidad dependería de sus propias elecciones y de su capacidad para conservar la armonía entre los seres humanos, la naturaleza y el orden espiritual.
Creo que está claro… De acuerdo con mis investigaciones, Hiva, o Mu, o Kasskara, o Hatun Pachamama, no era un continente, sino un considerable archipiélago en el Pacífico que pudo haber albergado una avanzada civilización que se desarrolló hace decenas de miles de años, una cultura cuya religión se basaba en los secretos de los sagrados efluvios de la Tierra. Por ello habitaron esa región que conecta con la fuerza del llamado «Cinturón de Fuego del Pacífico»: la zona de subducción más importante del mundo. Ese cinturón, que dibuja una especie de herradura que empieza desde la fosa de Kermadec, se tuerce hacia el Krakatoa, y sube desde allí hacia las Filipinas, hasta llegar a la fosa de las Kuriles, para luego dar el salto de Asia a América a través de la zona de la fosa de las Aleutianas y descender por la costa norteamericana en dirección al extremo sur de Sudamérica, abarca la friolera de unos cuarenta mil kilómetros. Este gigantesco anillo, conocido en el esoterismo como «La serpiente de luz« o la «Kundalini de la Tierra», reúne alrededor de cuatrocientos cincuenta volcanes. Para dar una idea cercana de su «poder», concentra el 75 % de los volcanes activos en el mundo y el 90 % de los terremotos.
Es bueno apuntar este dato porque Mu, por decirlo de algún modo, era una cultura sísmica y volcánica. Y siguiendo esa vieja doctrina sus supervivientes se establecerán en zonas de América con la misma impronta «telúrica». De hecho, Rapa Nui y los islotes adyacentes como Motu Nui y Motu Iti forman la cima de una gran cadena submarina de volcanes que se levanta a más de dos mil metros sobre el fondo del océano. Para mí, pues, hay una verdad inexplorada detrás del «mito». Pero hay más…
Fragmento de Lugares de contacto, Ricardo González Corpancho, Ediciones Luciérnaga, Grupo Planeta España, 2018.